Suicidarse sin una planificación previa es un acto irresponsable y egoísta; hay que pensar en los que se quedan aquí, los que tienen que despegar los sesos de la pared susurrando el magnánimo "con lo bueno que era". No era bueno: te hace limpiar sus restos, y la sangre es difícil de quitar, por no hablar de un diente bien clavado en la pared, que requiere de tenazas y mucho ánimo. Las orejas dan menos trabajo porque no se suelen adherir, pero, eso sí, dan repelús del malo (la definición de este término está todavía en entredicho; gt7h1 os ampliará los detalles).
El casco para suicidios limpios de Sebastian Erraruriz consigue que todo el estropicio quede concentrado en un solo lugar: el casco. La limpieza de la cabeza se limita a decidir si va en el contenedor de plásticos o de orgánicos (en el de papel no, a no ser que el suicida fuera un amante del origami). Eso es pensar en los demás. Eso es ser solidario, claro que sí.
Referencias:
http://www.nopuedocreer.com/quelohayaninventado/21419/casco-para-suicidios-limpios/

